Este año 2016 hemos tenido la suerte de ver estrenados en nuestra cartelera estos dos títulos de animación que, aunque en primera instancia puedan parecer prácticamente antagónicos, comparten una denuncia de la angustia existencial humana. Eso sí, desde perspectivas completamente distintas.

2 Formas de abordar la animación para adultos

Anomalisa – Charlie Kaufman, Duke Johnson

En Anomalisa la trama es aparentemente sencilla: un hombre acomodado tanto económica como familiarmente viaja a Ohio con la finalidad de dar una charla motivacional sobre la atención al cliente. Sin embargo, se encuentra irónicamente sumido en una crisis de identidad que se irá acrecentado ante su falta de estímulo vital. Mismas voces, mismas caras… Mismas máscaras. Es en este momento cuando aparece Lisa, una mujer que le devuelve la pasión y se convierte en la razón por la que abandonar todo. El desarrollo de la historia se mueve en un universo de ambigüedades, pesimismo y desasosiego que es reforzado de forma efectiva por el uso del stop-motion: humanos con aspecto de marionetas, títeres incapaces de romper con la apatía que caracteriza a las relaciones interpersonales.

Anomalisa

Lo verdaderamente interesante de este film es que supone un reto para el espectador, que se sentirá sometido a un ejercicio de constante análisis. Son infinitas las claves a descifrar y las interpretaciones que pueden extraerse, por lo que la experiencia ante la película y su identificación con ella son sumamente personales. Se trata, en resumen, de una anomalía cinéfila; escapa a cualquier etiqueta, retuerce conciencias y nos plantea dudas que probablemente seremos incapaces de resolver.

La fiesta de las salchichas – Conrad Vernon, Greg Tiernan

Frente a la exquisita delicadeza de Anomalisa encontramos la gamberra La fiesta de las salchichas. En las salas de cine ha generado carcajadas histriónicas de adolescentes con las hormonas revolucionadas a la par que la estupefacción de padres y mentes más conservadoras, que esperaban una inocente película dirigida a los más pequeños. Y nada que ver. Por el contrario, supone una sátira políticamente incorrecta, con diálogos punzantes y palabras malsonantes que se adueñan del guión.

Los alimentos de un supermercado, símbolo por excelencia del capitalismo, son dotados de alma y voz, víctimas inocentes de unos dioses consumidores que escogen productos a su antojo para llevarlos al denominado “El gran más allá”. La atención se centra inicialmente en la historia de amor de Frank; una salchicha que sueña con meterse hasta el fondo de un panecillo de perritos calientes llamado Brenda (especial atención a la sutileza de la metáfora sexual). Sin embargo, esta historia se verá involucrada en una de mayor envergadura: el descubrimiento del paraíso prometido como una gran mentira.

La-fiesta-de-las-salchicas

Así, a pesar de resultar una constante de alusiones sexuales explícitas, pueden detectarse ciertas implicaciones metafísicas en una clara referencia, por lo que respecta al proceso de aceptación de la verdad y la manipulación de las religiones, al ya archiconocido mito de la caverna platónico. A lo largo de la aventura, encontraremos una serie de personajes que representarán distintas polémicas; como ahora Teresa, una taco mexicano lesbiana, o un lavash y un bagel que simbolizan el conflicto entre palestinos e israelíes.

En conclusión, y dejando al margen la subjetividad y gustos de cada uno, que desde luego se sentirá inclinado por el planteamiento de una u otra película, se agradecen esta clase de trabajos e ingenios. Y si bien la primera de ellas está envuelta desde el primer momento en cierto halo de incuestionable intelectualidad, gracias al cual su visualización se afronta con seriedad desde el primer momento, es una lástima que la comercialidad de la segunda y la mala interpretación de su carácter burlesco y transgresor desvíen la atención del mensaje que subyace bajo todos sus agravios.

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